ROSARIO SABARRENA
MI PAPÁ ES MACGYVER
“Soy una convencida de que todos los días se aprende. Vas cerrando y abriendo experiencias, pero todo el tiempo es un continuo aprendizaje“ (Rosario Sabarrena)
Rosario Sabarrena es artista y a la par madre. Es curiosa, indómita. Es
la persona que cumplió “cuarentis” para siempre. Es quien antes de salir a
escena se pone nerviosa.
Atravesó el duelo de la muerte del padre volcando su dolor en la
búsqueda de los recuerdos y lo desconocido para empezar a escribir, y escribir…
Aquella muerte repentina. El llamado del hermano menor: no sé como decirte esto
nena, papá está muerto. Papá murió.
Una muerte imprevista a tres días de festejar el cumpleaños de su hijo
que había tomado la comunión, con gran fiesta en la casa en un fin de semana
hermoso.
Cinco años después llegó la pregunta ¿voy a estar escribiendo toda la
vida? No. Ya estaba preparada para ponerle un tiempo y proclamar sonriendo ‘Mi
papá es MacGyver’.
EAN: Decís que así debe ser la vida “melanco, hetérea, simple y con una cuota grande y constante de sonrisa” ¿Cómo te chocás con la vida? Porque así debería ser, pero no siempre es así.
RS:
Ese texto lo escribí hace mucho y sí lo estoy repensando y tenía que ver con
una cuestión de asociarlo a la infancia. Hay una melancolía en mí que viene de
toda la vida, una mirada medio vintange.
EAN:
Pero tu infancia no era melancólica
RS: No, pero a los 12 años escribía poesías, me gustaba leer a Neruda y a Bécquer, era romántica, tenía una conexión con otras cosas. Pero esto de la vida hetérea y melanco es más liviana en el disfrute. Cuando uno crece se va enroscando y te vas haciendo malasangre y pasás el día con mal humor: el laburo no te gusta, discutís por todo… se va haciendo una bola de nieve que crece. Y no es que no caiga en esa -como todo el mundo a mis cuarentis- pero me parece que el arte todo el tiempo me va salvando de eso, me trae a un lugar mejor.
Entonces también es permitirte eso. El hecho de ser mamá hace quince
años me permitió a los veintisiete años
junto con el arte acoplarme a ese juego: me encantaba subirme a la
calesita, disfrazarme; poder subirme a todos esos espacios que era romper la
estructura de que sos grande y serio.
Si no encontrás algo que te guste, que te apasione, que te llene de
alegría, de energía, la vida se va a encargar sola de tirarte todo el tiempo
bolsas de cemento. Entender qué hacer con eso que te tira también es madurez:
podés ser un resentido toda la vida, ver oscuro todo el tiempo, y en esos
espejos de personas a las que veo son así es donde me dije: ésto no. Soy seria,
hago mi trabajo de nueve horas, soy madre, pero de lo demás me voy.
En ese texto hay un decir de no perder el juego a cualquier edad.
EAN:
La persona que pasa circunstancias tristes o desfavorables pero como un tránsito
y no en modo estancamiento es la que le empieza a encontrar un sentido en el
cómo del subi-baja de la vida.
RS:
Eso, todo el tiempo, sí para poder disfrutar de la vida.
EAN:
Mi papá es MacGyver es un libro
devenido por el fallecimiento de tu papá donde su muerte te llevó a recoger
todas esas cosas del pasado, desde las escritas hasta los recuerdos pasando por
un proceso de sanación. Yo lo leía y decía: esto es mejor que ir a un
psicólogo. Hiciste un duelo catártico pero bien, sanador, meditado, tranquilo,
llorando lo que debías.
RS:
Sí y me emociona escuchar esto. El otro día me escribió una amiga de mi papá
que se ajusta a lo que estás diciendo, ella entendía lo maravilloso del libro,
había sido el cierre de mi duelo.
Y me alegra que así se entienda porque en parte es así. La decisión de
darle un cierre, una forma o un algo para no estar en duelo eterno, para no
habitar en la tristeza eternamente. Y a la vez fue una reconstrucción de lo
vivido con una revisión de mi vida, porque cuando algo te shockea muy fuerte
(no necesariamente tiene que ser una muerte) es casi imposible que no hagas una
revisión de algo.
EAN:
Por lo imprevisto del fallecimiento de tu padre en ese momento cuesta procesar
lo sucedido.
RS:
Mal, me destrozó. Quedé desmayada por horas. Es como un hacha que te abre el
cuerpo al medio. Me dejó energéticamente sin fuerzas. Para quien me conoce que
estoy a full con todo sabe que era otra. Estuve seis meses con ataque de
pánico, convertida en un caracol, enrollada en mí esperando que un director
gritara ‘corten’ a toda esa situación.
EAN:
Que alguien te explicara
RS:
Que alguien me explicara. Me levantaba soñando que se moría para tomar
conciencia que se había muerto, y era una rueda. Superar eso me costó
muchísimo.
Fue un proceso también de revisar: mi papá se murió de un ataque al
corazón y hay partes en el libro donde yo digo creer que a mi papá literalmente
se le rompió el corazón por algunas otras cosas que él vivió.
Entonces también fue revisar un poco ese corazón cicatrizado y que a
una no se le rompa el propio y qué cosas aprender del otro. Empezar a revisar
esos dolores, esas costumbres, esos mandatos que traemos; eso que los hombres
no podían hablar, no podían llorar… es también romper con todo eso.
En pandemia hice biodecodificación, constelaciones familiares, y armé
el árbol genealógico. Fue revisar con mi madre y mi tía paterna muchas cosas
que no sabía con cuarenta años: más pérdidas, más niños muertos en la familia,
situaciones pesadas por las que él y mis abuelos habían pasado.
EAN:
Mencionaste a tus abuelos ¿cómo es tu conexión con ellos?
RS:
Muy hermosa, les hablo en presente. Me pasó que estoy convencida dónde habita
ahora mi padre y que está con ellos. Estoy muy conectada. También con el
campito de Chivilcoy que era su lugar en el mundo y ahora es mi lugar en el
mundo.
Reconecté con la muerte; estoy acá y soy muy feliz pero hay una parte
de mí que está supertranquila, que el día que me vaya sé donde voy a estar.
También fue encontrarle un sentido espiritual sin ser la religiosidad.
Y las preguntas que fueron surgiendo sobre esto, tuvieron autorespuestas
que me fueron convenciendo.
EAN:
¿Tus abuelos te hablaron de los padres de ellos?
RS:
Poco, muy poco. Mis abuelos paternos vascos, inmigrantes que llegaron con
hambre, guerra, hijos y hermanos perdidos (muertos), mucho dolor de eso y mucha
dureza en sostener acá una vida armándola de cero.
Mis abuelos maternos eran del norte argentino, pero también con
carencias en lo educativo, del campo y dolores personales.
Son historias que pasan y han pasado en muchas familias.
EAN:
Y que no siempre se hablan.
RS: Y
no. No te reunís en familia para hablarlas, porque hay temas de duelo que no te
reunís para hablarlos, los transitás. Además, nosotros venimos de los ochenta tras
un proceso en el país. Yo crecí en el secundario sin hablar de los
desaparecidos por una cuestión política del no te metas.
Me hice artista lo que me da a conocer otro mundo completamente diferente al de mi familia, con una formación en el teatro independiente donde me animaba a todo.
Y toda mi vida personal también, imaginate: todos casados y para
siempre, yo no me caso, me separo. Lo cuento también en el libro, separarme con
un nene antes de un año.
EAN:
En el libro contás que, cuando precisamente te separás, tu padre te dice “yo te
puedo dar cobijo pero creo que tenés que ir por tu cuenta”.
RS:
Revisar eso fue tremendo también. No fue una buena etapa mía aquella. Recién
hace un par de años empecé a abrir el juego de revisar aquello. Y esa dureza de
la respuesta también forjó un ‘flaca, te arremangás y vas para adelante,
haciéndote cargo’.
EAN:
Y este presente diferente.
RS:
Hoy me cuesta mucho delegar, entender que tengo un compañero que acompaña y
sostiene, me cuesta mucho entender que vamos caminando juntos en familia. Vengo
de aquella adolescente que armaba todo a esta mujer que tiene que delegar, reveer
el autoestima y lanzarme a mostrar todo lo que hago.
EAN:
Este relanzamiento tuyo se dio en un contexto nada favorable.
RS:
La pandemia. En el encierro que tuvimos entendí cómo funcionamos cuando viene
el viento en contra. Me ayudó a reafirmarme en mi yo artista. Y también hice
cursos de yoga prenatal y natal, cursos de doblaje, revisé todo el libro para
finalmente editarlo. Fue un ‘te cierran esto, tenés lo otro’; darme cuenta que
si estoy en la mitad de la vida era momento para hacer otras cosas que también
las quería aprender y desarrollar.
Porque vamos por el mundo como una tromba (¡y yo mucho!) y no reparamos
en lo que vamos dejando de lado.
Me di cuenta con el encierro cuánto necesitamos de los otros, cuánto
necesitamos compartir, disfrutar, expresar lo que nos pasa.
EAN:
En el libro Tu papá es MacGyver vemos
que él era quien arreglaba todo; en la vida ¿te diste cuenta en qué otra cosa
era MacGyver? ¿Y vos en qué sos MacGyver?
RS:
Lo que entendí con los años es que mi madre y mi padre hacían un equipo
buenísimo. Mi mamá era la ideadora y mi papá quien iba al hecho de construir el
sueño que fuera y se disfrutaba y lo vivían en conjunto. Y esto de solucionar cosas
le sobraba a él; quizás le faltó más confiar en sus propios sueños y entender
que no todo es un sacrificio todo el tiempo.
Pero también te puedo decir lo que él era como amigo. Sonaba el
teléfono porque alguien necesitaba algo (fuera lo que fuera) dejaba lo que
estuviera haciendo y allí atendía o socorría. Esto lo vi siempre. No dudaba un
segundo en ello y era muy concreto.
Y eso me queda como herramienta, quiero ser esa persona también porque
también allí me identifico. Aunque me cueste hacer todas las cosas que quiero.
EAN:
¿Qué devoluciones tuviste y esperabas de la gente sobre este libro?
RS:
Fue fuertísimo. Te cuento algo que pasó un minuto antes de parirlo y fue que mi
hermano (quien me ayudó con el diseño)
estaba muy entusiasmado con leerlo y yo estaba en pánico al saber que todos los
familiares y amigos iban a leer cosas de la familia, porque yo no se lo había mostrado
a nadie, ni una línea, no quería tener una devolución previa, me jugué a eso.
Entonces con mucha sabiduría me dijo: el día que sale el libro ya está, no es
más tuyo es de nosotros, no te podés hacer cargo de ningún tipo de apreciación
o sentimiento de quien lo reciba.
Y fue muy lindo tras la presentación ver competencia en la familia por
saber quién lo había leído antes y me mandaban mensajes todos muy sentidos
emocionalmente. Esto en lo íntimo.
EAN:
¿Y fuera de ese círculo?
RS:
Me di cuenta que este viaje al que invita el libro -que es de recuerdos y
revisión- invitó a que cada lector también hiciera su revisión. Llegaban
mensajes diciendo “me hiciste recordar la infancia con mi abuelo…” y otros me
hablaban de sus hijos, de sus padres, de momentos…
Llega a movilizar en algo (por recuerdos) la vida de los demás. Cada
quien todo eso lo recibió de múltiples maneras, la mayoría haciendo un memorial
con sus padres y otros pensando en sus hijos ¿qué le estoy dejando para el
futuro, cómo me ven como padre/madre?
Siento que sí, que toma vuelo.
EAN:
El libro tiene su estructura está escrito como cuento, poesía, anecdotario.
Pero quiero hacer un puente con uno de tus textos, de vos hacia tu hijo “si
hasta los colores perdieron su definición ¿por qué pretender volar entre
nubes?”
RS: Porque
tenés que tener la decisión de ser feliz pese a lo que te puede venir. Se pueda
más, se puede mejor. Hay que estar despiertos, atentos, pensar fuera de nuestro
cuadradito y ser permeables al contexto.
Somos esta rueda. ¿Duele? Llorá, partite al medio pero levantáte;
tomate una ducha y empezá el día de vuelta. Va a venir un día mejor, va a venir
una persona mejor, un proyecto mejor o simplemente hay que creer en la gratitud
hacia lo que observás y tenés alrededor.
Eso quiero que tenga en claro mi hijo, porque te para en otro lado.
Quedamos las dos compartiendo mate en su otro espacio que es la Sala
Margarita donde se reparte en sus clases de yoga y talleres para mujeres combinando
lo espiritual y corporal.
Mientras, se prepara para volver a actuar el 1 de octubre en la obra
donde la conocí “Reparto a Domicilio” (Martín Marcou) dentro del Ciclo 10 en 10
donde el Espacio Tole Tole celebra sus 10 años de actividad teatral -artística
en general- y también la solidaria durante el cierre temporal por pandemia.
Y fue en esa sala teatral donde hace un año se realizó la presentación del
libro Mi papá es MacGyver acompañada
por la cantautora Carolina Curci fusionando los relatos con música.
El libro tuvo su recorrido por el Buenos Aires Diversa; talleres en
colegios de nivel secundario; la 47.a Feria Internacional del Libro de Buenos
Aires FILBA… para además habitar en las bibliotecas de las casas o en las mesas
de luz de quien quiera.
Al leerlo, yo también hice un viaje de memorial y recuerdos.
Y pienso que nuestras ascendencias españolas dirían ¡hostia, que hace
bien!





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